
Pedro: Como pasarme, pasarme, nada importante. Estoy en la muerte, y chao. Pero a esta altura la muerte no me importa.
Capitán: Estás vivo. Y puedes estar más vivo aún.Pedro: Se equivoca, capitán. Estoy muerto. Estamos como quien dice en mi velatorio. Capitán: no te hagas el delirante. Conmigo no va ese teatro.
Pedro: No es teatro, capitán. Estoy muerto. No sabe qué tranquilidad me vino cuando supe que estaba muerto. Por eso ahora no me importa que me apliquen electricidad, o me sumerjan en la mierda o me revienten los huevos. No me importa porque estoy muerto y eso da una gran serenidad, y hasta una gran alegría. ¿no ve que estoy contento?.Capitán: No estés tan seguro.¿cómo sabes hasta dónde aguantarás? Eso sólo se sabe cuando llega el momento. Aguantaste hasta ahora. Pero ya te dije antes que no hemos llegado al máximo: que todos los días descubrimos algo nuevo.
Pedro: reconoco que ésa era la preocupación que tenía cuando estaba vivo: hasta dónde podría aguantar. Porque uando uno está vivo, quiere seguir viviendo, y eso es siempre una tentación peligrosa. En cambio, la tentación se acaba cuando sabe que está muerto.Capitán: ¿y el dolor?
Pedro: Es cierto: el dolor. Qué importante es el dolor cuando uno está vivo. Pero qué poquito significa cuando se está muerto.
El capitán intenta persuadir a Pedro para que testifique entre tortura y tortura, pero no lo va a tener nada fácil. Mario Benedetti en "Pedro y el Capitán", sobre la tortura, que se lee en una sentada, y totalmente aconsejable